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Dan la bienvenida al Equinoccio en Monterrey con ceremonial de tambores

20 mar 2017
13h04
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Con un ceremonial colectivo de tambores, en el que participaron unas 200 personas, este fin de semana se dio la bienvenida al Equinoccio de Primavera, en la Explanada del Museo de Historia Mexicana de la capital regiomontana.

Rogelio Galván Salas, director del performance "Tambores, Espiral y Equinoccio", señaló que la idea fue representar "una escultura de arte sonoro, con instrumentos de percusión como herramienta, para reproducir un sonido como el latido del corazón".

Al mismo tiempo, en el ceremonial se celebraron los ciclos que permiten la vida en el planeta, al abrir "un canal de comunicación psicomágico para que cada participante ponga una intención o propósito y crear un acto ceremonial colectivo", destacó.

Es, "un tributo a la vida donde el arte, la ciencia y la espiritualidad se unen con el objetivo de enseñarnos y hacernos sentir que somos todo y formamos parte del todo", enfatizó.

El evento, que por segunda ocasión se realiza en Monterrey, surge de la necesidad de realizar manifestaciones artísticas en los espacios públicos, lo cual es bien recibido por paseantes y/o transeúntes de la ciudad, señaló.

Dentro del performance, los participantes se alinearon para formar una espiral dorada, una curva que crece a razón del llamado número áureo y que se encuentra presente en la naturaleza desde las plantas hasta en la forma de algunas galaxias, incluso en el caracol, símbolo de fecundidad para las culturas prehispánicas.

Al iniciar, cada ejecutante estuvo atento con su tambor y en silencio hasta tomar su turno de hacer sonar el instrumento; el sonido inició en el centro del espiral, el integrante del centro recibía un "beat" o pulso rítmico, que era repetido por el compañero de a lado, hasta llegar al último elemento de la formación.

Al tañer de un gong, de origen oriental y entre olor a incienso, inició el performance en el que hombres y mujeres, jóvenes y adultos, hasta niños, tocaban sus tambores, timbales, bongós, incluido un huéhuetl, entre otros instrumentos de percusión.

En paralelo, uno de los ejecutantes hacía sonar un caracol, cuyo sonido anunciaba el arribo de la Primavera, mientras el crepúsculo del sol enmarcaba el ceremonial que duró alrededor de 60 minutos.

"Es una resonancia a través de los instrumentos de percusión, que está contenida por músicos profesionales de la percusión, por cada cinco personas que no tienen oficio de músico, hay un músico profesional", comentó Galván Salas.

La convocatoria fue abierta al público a través de redes sociales, con el objetivo de fomentar una buena convivencia entre cada uno de los asistentes, apuntó.

"A las personas les da mucha satisfacción poder acudir a un evento que les causa placer, curiosidad y manera de experimentar como seres sociales", dijo el director del ceremonial.

A través de los años, los tambores han tenido un fuerte simbolismo, distintas tribus y pueblos los han utilizado como representación de unión, de comunicación y sanación entre humanos y naturaleza.

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