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Santa María la Ribera, entre historia, arte y el tránsito urbano capitalino

28 feb 2017
10h39
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Combinación de historia, arquitectura y elementos urbanos y populares, Santa María la Ribera es una de las colonias más emblemáticas y singulares de la Ciudad de México y una de las mejores opciones para conocer y visitar en familia.

Santa María la Ribera es una mezcla de la prosperidad porfiriana del siglo XIX y del folclor nacional de los vecindarios populares, ahora con monumentos y recintos históricos que comparten la calle con los mercados y fachadas coloridas.

El jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, destacó en este sentido la importancia del Kiosco Morisco, símbolo de esta colonia cercana a los dominios de Tacuba, Tlatelolco y Tabacalera.

A través de su cuenta en Twitter @ManceraMiguelMX, el funcionario local invitó a admirar esta garita, como parte de la dinámica 52 Fines de Semana en la Ciudad de México.

Con esta mecánica cultural, las autoridades convidan a los habitantes y turistas a dedicar cada uno de los fines de semana del año a descubrir un área distinta de la urbe.

De acuerdo con el sitio http://www.cdmx.gob.mx, del gobierno capitalino, esta colonia colindante con el Monumento a la Revolución Mexicana y a la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, limítrofe de la colonia Buenavista y el Tianguis Cultural "El Chopo", sólo es una pieza de un rompecabezas metropolitano.

Esta colonia fue el primer fraccionamiento de la Ciudad de México, una zona de casas modestas que estaba fuera del cuadrante del Centro Histórico (como los lotes residenciales del Pedregal y la Zona Rosa), pero sin alejarse de éste.

"Su desarrollo inició en 1861, cuando la Hacienda de la Teja (actual Museo de Cera) formó un conjunto de viviendas en su rancho aledaño, llamado Santa María. Esto propició que se edificara una colonia con tintes de jolgorio y tránsito urbano", refirió la autoridad capitalina.

En este territorio se pueden encontrar varios atractivos, entre ellos la Alameda de Santa María, considerada como el primer jardín público erigido a las afueras del centro de la ciudad, aunque el principal atractivo es el Kiosco Morisco, llamado de esta forma por sus elementos arquitectónicos de origen musulmán y que fue instalado en 1910.

El templete, construido por el ingeniero José Ramón Ibarrola y fundido en Pittsburgh, Pensilvania, fue colocado en un principio en la Alameda Central, pero fue reemplazado por el actual Hemiciclo a Juárez, aunque se convirtió en la insignia mexicana de la Exposición Universal de Nueva Orleans (1884-1885).

La estructura de hierro de esta obra hizo posible su desarmado para encajar con la historia de los inquilinos de la colonia que limita con avenida Ribera de San Cosme.

Muy cerca de la Alameda está el Museo de Geología de la UNAM, instaurado en 1906 y que a la fecha resguarda entre sus instalaciones de cantera (la misma que se empleó para el Palacio de Minería y el Colegio de San Ildefonso), los fósiles y elementos prehistóricos más importantes de México.

Algunas de las calles de esta colonia llevan el nombre de artistas e intelectuales que establecieron su vivienda allí, como Gerardo Murillo "Dr. Atl", Eligio Ancona o Mariano Azuela, o el compositor y cantante José Alfredo Jiménez, quien visitaba con frecuencia el Salón París, localizado en contra esquina del Kiosco Morisco.

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