Tecnología

publicidad
06 de diciembre de 2010 • 16:07

Usan variedad silvestre de jitomate para proteger cultivos

Frutos de tinguaraque
Foto: Cortesía: Hipólito Cortez Madrigal / Terra
 

México.- En Michoacán crece de manera silvestre una variedad de jitomate conocido en la región como tinguaraque (Solanum lycopersicum var. cerasiforme), el cual ha llamado la atención de científicos debido a su tolerancia natural a plagas y enfermedades que en los cultivos comerciales afecta gravemente. Esa característica abre una alternativa al uso de productos químicos empleados en el control de esos problemas.

Así lo propone el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR), Unidad Michoacán, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en la investigación Desarrollo de Injertos y Micoinsecticidas para el manejo Integrado de Plagas y Enfermedades del Jitomate.

El líder del proyecto, doctor Hipólito Cortez Madrigal, explicó que el injerto de hortalizas es una estrategia muy importante en la producción de esos cultivos. "Pensamos que era factible injertar el jitomate cultivado sobre el tinguaraque, su pariente silvestre, que es una de las principales fuentes de germoplasma para su mejoramiento", expuso.

Entre las principales plagas que atacan el jitomate se encuentran: la mosca blanca (Bemisia tabaci), la paratrioza (B. cockerelli), el gusano del fruto (Heliothis sp), el gusano alfilerillo (Keiferia lycopersicella), los minadores de los hojas (Liriomiza spp.) y gusano del cuerno (Manduca spp).

Mientras que las enfermedades importantes que presenta la hortaliza son: Alternaria solani, Phythopthora infestans y la pudrición de plántulas por diferentes tipos de hongos.

De acuerdo con el investigador politécnico, en los primeros resultados de la investigación, el tinguaraque y el injerto mostraron tolerancia a las principales plagas del jitomate como son: la paratrioza, minadores de las hojas, diferentes especies de áfidos y a la mosca blanca.

"Las plagas evaluadas han sido principalmente el psilido B. cockerelli, la mosca blanca y los minadores; en el que los injertos mostraron menor incidencia, a diferencia de los jitomates sin modificar. Además, los injertos no cambiaron las características del jitomate como: aspecto, sabor, acidez, forma y tamaño", detalló.

Dentro del proyecto de Manejo Integrado de Plagas, la prioridad es la resistencia vegetal del cultivo de jitomate, que podría ser resultado del injerto entre la planta silvestre y la cultivada, a lo que podría agregarse el uso de hongos entomopatógenos, a fin de proteger el producto agrícola de insectos.

Respecto a la adición de los microorganismos, los investigadores del CIIDIR han determinado el tipo de hongos más patogénicos hacia el psílido (insectos) del jitomate, por lo que esperan en breve poder incorporarlo al producto agrícola y eventualmente realizar pruebas de invernadero y después su validación en campo.

De acuerdo con Cortez Madrigal, el jitomate es uno de los cultivos al que se aplica la mayor cantidad de plaguicidas químicos, lo que pone en riesgo la salud tanto de productores como consumidores.

"Buscar estrategias más sanas de control de plagas y enfermedades es algo primordial. Y la resistencia vegetal (injertos) y el control biológico (micoinsecticidas) son dos tácticas saludables", acotó el experto.

Primeros resultados

La investigación del CIIDIR, Unidad Michoacán, mostró como primeros resultados que los injertos con base en el tinguaraque fueron menos preferidos por algunas plagas que los jitomates de cultivo normal.

Estos injertos pueden ser utilizados en pequeñas superficies de producción, tales como huertos familiares, invernaderos y producción orgánica. Y el manejo de plagas debe ser complementado con otras estrategias ecológicas, tales como barreras vegetales, uso de depredadores y parasitoides.

Hay diferentes técnicas de injerto en hortalizas, sin embargo, la investigación politécnica desarrolló una muy particular y barata. El patrón es la planta silvestre (tinguaraque) y el injerto es la variedad cultivada, en este caso el tipo Saladett. Las dos plantas se unen de manera que continúe el flujo de sustancias entre patrón e injerto. Siete días después, la planta se ha unido totalmente y está lista para el trasplante.

La investigación contó con el apoyo del propio IPN y el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología del estado de Michoacán, que editó un cuadernillo de divulgación sobre esta propuesta.

Con información de Agencia ID

Terra Terra