Soldados del ejército mexicano patrullan en su vehículo frente a la iglesia fundada por los misioneros estadounidenses asesinados John y Wanda Casias en el pueblo de El Cercado, a unos 20 minutos de Monterrey, México, el jueves 2 de febrero de 2012.
México.- John y Wanda Casias conocían los riesgos de ser misioneros en una de las regiones más violentas y dominadas por el narcotráfico en México, dicen sus hijos, pero se negaron a abreviar su trabajo y pusieron su ministerio por delante de su seguridad.
El asesinato de la pareja esta semana durante una irrupción a su casa llega en momentos en que los grupos misioneros evalúan de nuevo cómo preparan a sus voluntarios para que vivan en México y en otros sitios donde hay violencia, e incluso si los mandan o no.
La violencia generada por los cárteles del narcotráfico en territorio mexicano ha hecho que algunas partes del país se hayan vuelto tan peligrosas que el gobierno de Estados Unidos le advierte a los estadounidenses que no viajen a esas zonas.
Los grupos misioneros, que desde hace tiempo han florecido en la región fronteriza y en otras áreas, se han visto obligados a disminuir sus esfuerzos por llegar a la población, y algunos han cancelado los viajes completamente por temor a que sus miembros pudieran ser blanco de la ola de violencia.
Para los que están decididos a trabajar a pesar de los riesgos, al menos algunos grupos empiezan a enviar a sus voluntarios a los mismos campamentos de entrenamiento en seguridad que utilizan desde hace años las empresas y los grupos de ayuda humanitaria para preparar a sus empleados antes de enviarlos a riesgosas labores en el extranjero.
"En los últimos años, es obligatorio que todos nuestros nuevos misioneros reciban entrenamiento de seguridad proporcional al nivel de riesgo en ese país (al que van)", dijo John David Smith, director ejecutivo del Departamento de Misiones de la Asociación Misionera Bautista de Estados Unidos, que en la actualidad tiene cuatro familias voluntarias que laboran en México, de acuerdo con su sitio en internet.
Su organización también ha implementado otras medidas de seguridad tales como prohibirle a los misioneros ingresar o salir de México en un vehículo, lo cual los obligaría a viajar por zonas fronterizas más peligrosas.
Los Casias, oriundos de Texas pero residentes en el norte de México desde hace 29 años, fueron hallados el martes por uno de sus hijos en la casa que tenían en Santiago, Nuevo León, estrangulados ambos. Los investigadores mexicanos sospechan que conocían a su atacante, porque no se hallaron puertas ni cerraduras forzadas.
Otro de sus hijos, John Casias, dijo que había hablado muchas veces con sus padres sobre su seguridad, pero ellos vivían sostenidos por su fe.
"No lo ignoraban", afirmó. "El (John Casias) sabía de los homicidios. Mi madre sabía de lo que ocurre en México. Lo entendían. Lo sabían. ¿Tenían miedo a morir? No. No iban a vivir con miedo".
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