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03 de marzo de 2013 • 09:46 • actualizado a las 09:53

Jorge Ramos Ávalos: Carta al nuevo Papa

 

Bueno, la verdad, no espero que lea esta carta. Sería mucho pedir. Pero, igual, hay que decirlo. El nuevo Papa no puede -no debe- ser como Benedicto XVI. Eso sería trágico y peligroso.

El papado de Benedicto XVI, además de su extraordinaria renuncia, será recordado por encubrir miles de casos de abuso sexual contra menores de edad por parte de sacerdotes católicos. Benedicto XVI fue el Papa que se quedó callado ante estos crímenes y que se negó a oír los gritos que pedían transparencia dentro de la Iglesia.

Lo primero que esperaría del nuevo Papa es congruencia: si de verdad está con las víctimas y con los más desprotegidos, lo menos que podemos esperar es que denuncie y entregue a las autoridades civiles a los sacerdotes que están protegidos por la política de silencio y complicidad del Vaticano. Benedicto XVI protegió hasta sus últimos días a Marcial Maciel, el monstruoso fundador de los Legionarios de Cristo, responsable de innumerables crímenes sexuales en México. Ojalá el nuevo Papa no haga lo mismo con Benedicto XVI. Que el ex Papa quiera una vida de oración a sus 85 años es muy respetable. Pero si encubrió a sacerdotes pederastas como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (1981-2005) y luego como pontífice, debe responder ante las cortes. Y el nuevo Papa debe ayudar a que esto sea posible y se haga justicia.

Sí, resulta casi risible este argumento. Un ex Papa a juicio. Parece imposible. Pero es una oportunidad histórica, moral y cristiana. Si Juan Pablo II y luego Benedicto XVI bendijeron y lideraron la operación de protección a miles de sacerdotes pedófilos, entonces el nuevo Papa debería tomar partido con las víctimas de estos crímenes y marcar una sana distancia con sus predecesores.

Ni inmunidad ni impunidad para Joseph Ratzinger.

Escribo como un ex católico rodeado de católicos. Hace décadas que perdí la fe y así vivo muy bien, gracias. Pero no puedo dejar de ver cuando una figura de autoridad, como el Papa, y una de las instituciones más poderosas de la historia, el Vaticano, abusan de su posición y se sitúan por encima de la ley.

No creo que el Papa sea infalible. En su último Ángelus como Papa, en la plaza de San Pedro, Benedicto XVI dijo "la palabra de Dios está dirigida a mí; el señor me llama a dedicarme aún más a la oración". Qué lástima que durante su papado Dios no lo llamó, también, para hacer públicos los documentos oficiales de la Iglesia donde hay evidencias inapelables de miles de violaciones sexuales de sacerdotes contra niños en todo el mundo.

Ese fue un grave error.

Resulta irónico que una institución como la Iglesia Católica, que prohíbe el sexo a sus líderes, esté tan preocupada por regular lo que hacen los demás en la cama. El rechazo a integrar a los homosexuales plenamente a la Iglesia es una muestra palpable de discriminación y prejuicio. Esa falta de equidad se extiende, también, a las mujeres.

No hay absolutamente ninguna directiva de Jesucristo para evitar que las mujeres se conviertan en sacerdotes. La decisión de no permitir la ordenación de mujeres es algo muy posterior a su muerte. Siglos. En el año 494 el Papa Gelasio I envió una carta a los obispos italianos para prohibirlo y, más recientemente, en mayo de 1984, lo hizo Juan Pablo II en una carta apostólica: "Declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno facultad de conferir ordenación sacerdotal a las mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia". Pero esas son decisiones erróneas y machistas de dos hombres y que pueden ser modificadas por otros hombres y mujeres.

El celibato es también una decisión tomada por la Iglesia mucho tiempo después de la muerte de Cristo. Si los sacerdotes quieren tener relaciones sexuales, mejor que las tengan con sus esposas y no con menores de edad. Ese cambio urge.

Sé que no hay consenso para la Iglesia Católica acepte el aborto, es decir, el derecho de cualquier mujer de hacer con su cuerpo lo que quiera, pero prohibir el uso de condones en la época del sida es absolutamente retrógrado y mortífero. Un cambio de lineamientos de la Iglesia sobre el uso de condones en África habría evitado muchas muertes y sufrimiento en las últimas décadas. Ese es un ejemplo de cómo una orden autoritaria e irracional de la Iglesia produce muerte.

Sería trágico que el nuevo Papa sea como el anterior. Defendió a los de arriba y a los que estaban a su lado pero no a los de abajo, a los niños abusados sexualmente y a sus familias. Envió el mensaje equivocado: defiendo y encubro a los sacerdotes sólo porque son sacerdotes.

Pero si el nuevo Papa es como el anterior sería sumamente peligroso. Primero, porque continuaría extendiendo una política de inmunidad e impunidad para los religiosos criminales en todo el mundo. Y, segundo, porque, con su rechazo a la igualdad de los gays y las mujeres dentro de la Iglesia seguiría promoviendo una cultura machista, discriminatoria y de rechazo a la diversidad. Eso tiene enormes consecuencias incluso fuera de la Iglesia Católica.

Espero, por lo tanto, que el nuevo Papa oiga. Y que se atreva a ser el líder moral que Benedicto XVI nunca se atrevió a ser.

 

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